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Historia

Japón fue fundado en el siglo VII adC por el ancestral emperador Jinmu. Durante los siglos V y VI, el sistema caligráfico chino y el budismo fueron introducidos junto con otras costumbres chinas a través de la península coreana o directamente desde China. Los emperadores fueron gobernantes oficiales, pero el verdadero poder permanecía generalmente en manos de poderosas cortes nobles, regentes o shogunes (gobernadores militares).

Durante el siglo XVI, mercaderes de Portugal, Holanda, Inglaterra y España llegaron a Japón y fundaron misiones cristianas. A comienzos del siglo XVII, el shogunato comenzó a sospechar de las misiones, considerandolas precursoras de una conquista militar por fuerzas europeas. Como medida de protección, Japón cerró toda relación con el mundo exterior a excepción de contactos restringidos con mercaderes chinos y holandeses en la ciudad de Nagasaki. Este aislamiento se prolongó por 251 años, hasta el año 1854, en que el comodoro estadounidense Matthew Perry forzó la apertura del Japón a Occidente bajo el Tratado de Kanagawa.

Durante un largo período, el reestablecido contacto con Occidente provocó cambios en la sociedad japonesa. El shogunato fue obligado a renunciar y el poder fue devuelto al emperador. La Restauración Meiji de 1868 inició varias reformas. El sistema feudal fue abolido y numerosas instituciones occidentales fueron adoptadas, incluyendo un sistema legal y de gobierno occidentales, junto con otras reformas en lo económico, social y militar que transformaron a Japón en una potencia mundial de nivel medio a alto. Como resultado de las guerras chino-japonesa y ruso-japonesa, Japón se anexionó Taiwán, Corea y otros territorios a su imperio en expansión.

En 1905 Japón resulta victorioso en la guerra ruso-japonesa, afianzándose así de manera definitiva como una potencia mundial y la única de Asia. Japón se vio altamente influenciada por la política expansionista de su milicia, la cual lo llevó a la invasión de Manchuria, desatando una segunda Guerra chino-japonesa (1937-1945). Japón atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor (1941), lo cual introdujo a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Luego de una larga campaña en el pacífico, Japón perdió Okinawa y fue forzada a retroceder a las cuatro islas principales. Los Estados Unidos atacaron ferozmente Tokio, Osaka y otras ciudades con bombardeos estratégicos convencionales y en Hiroshima y Nagasaki con dos bombas atómicas. Japón finalmente aceptó la derrota incondicional ante los Estados Unidos de América el 15 de agosto de 1945 culminando así la Segunda Guerra Mundial.

Finalizada dicha guerra, los Estados Unidos continuaron ocupando el Japón hasta 1952, tras lo cual Japón comenzaría una muy importante recuperación económica que devolvería la prosperidad al archpiélago. Okinawa permaneció ocupada hasta 1972 para estabilizar el este asiático. Aún hoy existe en Okinawa una fuerte presencia militar estadounidense.

El pueblo japonés es sumamente consciente de su pasado histórico. Como materia curricular la historia goza de gran importancia, tanto en las escuelas como en la universidad. No es extraño ver en la portada de los periódicos noticias relacionadas con hallazgos arqueológicos u otro tipo de acontecimientos de relevancia histórica, y en televisión es frecuente la emisión de documentales que se ocupan del pasado. Los japoneses valoran los contactos con las culturas china y coreana como formadoras de su cultura, y las relaciones con Occidente, durante el siglo cristiano y a partir del siglo XIX, como igualmente determinantes en su andadura como nación. Son conscientes de los daños ocasionados por Japón durante sus agresiones imperialistas en Corea, China y Manchuria, y de su responsabilidad en la Segunda Guerra Mundial.

 


 
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